Joxemi Zumalabe y la Fundación. Artículo de Carlos Trenor Dicenta * Desde la cárcel de Soto del Real.
      Publicado en GARA el 12 de enero de 2001.


      Carlos Trenor Dicenta * Desde Soto del Real
      Joxemi Zumalabe y la Fundación

      Día 5 de octubre. Madrugada. Casi tres horas llevan una docena de policías registrando los locales de la Fundación. Están acabando. El comisario me pregunta: «¿Quién es Joxemi Zumalabe?». En sus labios me parece una blasfemia. Le contesto: «Un amigo que se nos murió demasiado joven».

      Joxemi, amigo. Todavía hoy, al pensar su persona, su ausencia me deja vacío. La enfermedad de Joxemi, su muerte, nos mutiló a muchos. Era encontrarte, de pronto, sin brazo, sin mano, sin voz. Yo reivindico la amistad de Joxemi con las mismas palabras de Miguel Hernández a la muerte de Ramón Sijé: «Se me murió, como el rayo, Joxemi, con quien tanto quería». Quise, quisimos, muchas cosas con él, y las quisimos mucho. Nuestra amistad consistía en idear nuevos proyectos.

      Siempre discutiendo, analizando, conspirando... No eran sólo sueños. Debatir con Joxemi era tratar de que el sueño viera la realidad. Era examinar posibilidades, buscar medios, considerar complicidades...

      En sus últimos años Joxemi, curtido militante del movimiento popular, trabajó sobre todo en el mundo del euskara y de la prensa en euskara, primero en "Argia" y luego en "Egunkaria". Los frutos son el resultado de un estilo de trabajo. Los que conocimos el equipo de "Argia" sabíamos de su potencial. Porque "Argia" no era Joxemi. Eran Josu, Mikel, Peio, Jon, Iñaki, Joxemari, Pablo, Joxemi... Todos empeñados en poner a flote un barco que naufragaba. Lo consiguieron. La vida, la historia, la muerte, han llevado a todos a lugares diferentes. Pero no cabe duda de que la clave del éxito fue aquel grupo.

      Era un equipo de locos que no miraban el reloj. Les recuerdo con los ojos cargados de sueño, en pantuflas, ante el ordenador, en el local de Egia, en el callejón de «La Cata» y, luego, en lo que hoy es la Fundación. El equipo pensaba, discutía, creaba. Los proyectos se sucedían: Susa, "Larrun", Antza, Apika, "Egunkaria"... A otros nos tocaba contemplar aturdidos la actividad incansable de una gente que no tenía miedo a nada.

      Ciertamente, en la memoria de aquellos años, no puedo separar a Joxemi de aquel grupo, de su estilo de trabajo.

      Hace unos años, cuando surgió la idea de la Fundación quisimos recordar a Joxemi poniéndole su nombre. Hubo quien se molestó, pensando que ese nombre debía ir vinculado al movimiento en favor del euskara. Nosotros pensábamos, y pensamos, que es una buena referencia para lo que plan- teábamos.

      Desde que en Madrid inventaron la operación Itzali el nombre de Joxemi Zumalabe y de la Fundación ha corrido por telediarios y titulares de prensa asociado a motivos oscuros, conspiraciones inconfesables, supuestos delitos. He preferido que pasara el tiempo y ahora, cuando está cerca el aniversario de la muerte de Joxemi, creo que es un buen momento para decir, públicamente, qué es eso de la Fundación. Muchos de vosotros no necesitáis ninguna explicación, porque habéis colaborado con ella. Estas líneas son, sobre todo, para los que no la conocíais.

      Una persona generosa, ­¡qué difícil entender esto en Madrid!­ renunció a una importante herencia. No sabíamos qué hacer con ese dinero y comenzamos una infinidad de consultas con muchas personas, pidiendo ideas, opiniones... Poco a poco fue concretándose una idea: la Fundación sería un instrumento de apoyo al movimiento popular de Euskal Herria. Después de mucho discutir, decidimos que ese movimiento popular era «el que defiende la participación directa, la no delegación, la solidaridad, la no competitividad. Potencia una serie de valores que son base de una sociedad alternativa a la actual». Lo copio del auto de Garzón. En eso, tiene razón.

      Nos costó muchos meses concretar esa primera intuición. Los que nos reuníamos éramos muy diferentes, teníamos sensibilidades e historias distintas... y tardamos en llegar a acuerdos. No nos aclarábamos nosotros; tampoco, claro, los grupos con los que empezábamos a trabajar.

      Poco a poco fuimos definiendo el papel que debía jugar la Fundación. Como suele suceder, primero fuimos concretando lo que no teníamos que hacer, para luego ir aclarando lo que sí queríamos hacer. Por ejemplo, decidimos que la Fundación no debía ayudar a los movimientos en sus necesidades cotidianas; de ningún modo debíamos convertirnos en una especie de oficina de reparto de subvenciones; tampoco debía ser solamente una asesoría jurídica del movimiento popular... Otras muchas ideas fueron postergadas por falta de medios: creación de becas para investigación, elaboración de una enciclopedia del movimiento popular... Ideas no faltaban, pero la Fundación no se asentaba. ¿ Cual debía ser nuestra actividad central? Finalmente la concretamos. La Fundación trabajaría dos aspectos. El primero sería promover, facilitar, colaborar en la creación de espacios de encuentro, de debate, de intercambio de experiencias de los diferentes grupos del movimiento popular de Euskal Herria. La Fundación no discute con los grupos: procura que los grupos discutan entre ellos, colaboren, trabajen juntos. Hemos intentado que la gente se conozca, se hablen unos a otros. Porque creemos en la gente. Uno de los grandes males del movimiento popular es el aislamiento. Cada grupo se ve obligado a tener que inventar casi todo, repitiendo errores que muchos otros hemos cometido.

      Con este primer fin han nacido actividades diferentes. "Fite!" es un boletín para la intercomunicación de los movimientos convocatorias, cursos, etcétera). La guía del movimiento popular fue un proyecto ambicioso para dar a conocer la realidad asociativa de Euskal Herria y facilitar el contacto y la ayuda mutua. El mismo objetivo tienen la página web y el proyecto de agenda telemática.

      Especial interés, siempre dentro de este objetivo primero, hemos puesto en la organización de encuentros. Pero, fieles a nuestra orientación, no hemos organizado nosotros muchas de estas jornadas. Los movimiento, los grupos, han respondido y hoy Herri Mugi! es una realidad de trabajo en común. La Fundación sigue ofreciendo infraestructura, ayuda. Pero nunca marca el contenido, ni siquiera el método. Eso les corresponde a los protagonistas: los grupos que trabajan en todos los sectores del movimiento popular.

      El segundo aspecto que decidimos impulsar es la formación. También aquí colaboramos con otros grupos y gentes que ofrecen cursos y cursillos de todo tipo. Pensamos que durante mucho tiempo se ha descuidado esa faceta. Hoy un militante (¿o mejor un activista?) del movimiento popular debe conocer unas técnicas que son indispensables para su trabajo, desde la telemática a las campañas de comunicación.

      Eso es la Fundación. Y en eso estamos. Hoy por hoy es difícil tomar decisiones. Cuatro miembros del equipo ­casi mayoría­ seguimos encarcelados, pero creemos que se puede y se debe seguir adelante, con el mismo estilo de trabajo.

      Este año, el día 13 de Enero, no iré a Larraitz, Ostaizka. Tendréis que disculparme. Pero cuando miréis el árbol de Joxemi y comprobéis, entre amigos, que sigue vivo y fuerte, cuando sintáis otra vez el nudo en la garganta, yo también lo sentiré. Como todos los años.

      La Fundación es una rama de ese árbol que, como él, sigue viva. *


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